En 1936 estalla la Guerra Civil española y Juan Ramón se mantiene fiel al lado republicano, llevando una labor de acogida de niños huérfanos. Los Jiménez convierten en guardería uno de los pisos que Zenobia realquilaba a extranjeros y diplomáticos,donde acomodan a una docena de niños. Buscando recursos para pagar su manutención, el matrimonio empeña en el Monte de Piedad diversos objetos de valor que poseían.
Ante las noticias alarmantes que llegan, Juan comienza a vivir en continuo sobresalto. Sus propios amigos le animan a que salga de España. A mediados de Agosto, Juan se entrevista con Manuel Azaña (Presidente de la República) y le expresa su deseo de obtener pasaporte para salir de España con dirección a Puerto Rico, donde debe atender ciertos compromisos literarios contraídos con anterioridad al levantamiento militar. El 19 de Agosto de 1936 se le entregó a Juan Ramón un pasaporte diplomático de Agregado Cultural honorario a la Embajada de España en Washington, y el 22, Zenobia y él atravesaron el paso fronterizo de la Junquera con dirección a París. Cuatro días después embarcaron en Cherburgos rumbo a Nueva York. Atrás dejaron su casa, y en ella sus únicos bienes materiales: muebles y pertenencias personales, y con ellas los libros y los manuscritos del poeta, con toda su obra inédita. No llevaban demasiado equipaje, creyendo que la ausencia sería corta y la situación política se calmaría pronto. No fue así. Se llevaron 22 años en América.
Ante las noticias alarmantes que llegan, Juan comienza a vivir en continuo sobresalto. Sus propios amigos le animan a que salga de España. A mediados de Agosto, Juan se entrevista con Manuel Azaña (Presidente de la República) y le expresa su deseo de obtener pasaporte para salir de España con dirección a Puerto Rico, donde debe atender ciertos compromisos literarios contraídos con anterioridad al levantamiento militar. El 19 de Agosto de 1936 se le entregó a Juan Ramón un pasaporte diplomático de Agregado Cultural honorario a la Embajada de España en Washington, y el 22, Zenobia y él atravesaron el paso fronterizo de la Junquera con dirección a París. Cuatro días después embarcaron en Cherburgos rumbo a Nueva York. Atrás dejaron su casa, y en ella sus únicos bienes materiales: muebles y pertenencias personales, y con ellas los libros y los manuscritos del poeta, con toda su obra inédita. No llevaban demasiado equipaje, creyendo que la ausencia sería corta y la situación política se calmaría pronto. No fue así. Se llevaron 22 años en América.

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